"La posibilidad de realizar un sueño es lo que hace que la vida sea algo interesante" Paulo Coelho

LA OTRA GUERRA

lunes, 27 de abril de 2015



 Me gustaría compartir un artículo de opinión elaborado por una fiel seguidora de este humilde e intermitente blog, en el que se habla de la violencia sexual a las que muchas mujeres son sometidas, aún a día de hoy, en el mundo. Esperemos que este post remueva conciencias. 

 LA OTRA GUERRA


Elisenda Reinés

Todo acontecimiento, o al menos aquellos más sensibles e incluso sangrantes dejan de ser simplemente dos caras de una misma cinta. Son mucho más...miradas entrelazadas, escenarios múltiples, agentes diversos, relatos ocultos, informaciones desviadas…un compendio de historias mezcladas,  en las que solo unas pocas se alzan sobre las demás y se erigen como verdaderas, únicas y definitivas. Esta son las que quedan grabadas en la retina de los que, participes o no, conocen ese hecho. Para abordar todas aquellas que quedaron atrás se necesitan narradores valerosos, activistas sin miedo y victimas con ánimo para alzar la voz  y poner el foco sobre esas historias ensombrecidas.
 
La guerra, de ayer y de hoy, y entendida en todas sus formas; des de la mayor hecatombe como la vivida hoy a raíz del fundamentalismo islámico,  hasta un conflicto entre razas o pueblos como lo fue Ruanda, es un claro ejemplo de esa opacidad de información, de saberes y de realidades. Una de esas caras ocultas es la guerra particular de las mujeres que son víctimas de violencia sexual: un crimen de guerra envuelto en mitos, secretos y estigmas.

Un problema lejano, una percepción escasa.

Ciudadanos como nosotros, una amplia mayoría, que vivimos bendecidos por un largo período de paz, solo alcanzamos a entender violencia sexual como la violencia de género entre un hombre y una mujer en todas sus varianzas desde la violencia psicológica hasta los asesinatos más viles y ruines. Pero al otro lado de charco la violencia sexual –especialmente sobre las mujeres, casi en exclusiva- se configura como una práctica de guerra practicada de forma sistemática. En palabras de las Naciones Unidas en su Declaración sobre la eliminación de la violencia contra la mujer representa “todo acto de violencia basado en la pertenencia al sexo femenino que tenga pueda tener como resultado un daño o sufrimiento físico, sexual o psicológico para la mujer, así como las amenazas de tales actos, la coacción o la privación arbitraria de la libertad, tanto si se producen en la vida pública como en la vida privada”. 

Esa definición aunque rigurosa es por desgracia aún insuficiente. Esa violencia sexual de la que hablamos incluye también la prostitución forzada, el tráfico de mujeres para su compra venta como meras mercancías, además de los embarazos forzados. Es, con todo esto, una estrategia calculada y desarrollada como lo son lo son las estrategias puramente militares. Una estrategia global, no solo de un grupo o de un país… y por desgracia del presente. Un elemento central de la ideología y la actuación de organizaciones no solo extremistas y paramilitares sino también adoptada por fuerzas del orden gubernamentales. Según la ONU 45 grupos armados son sospechosos de acometer esos crímenes de forma metódica, normalizada en sus rutinas, y de ellos más de una decena han sido incluidos en el pasado año.

¿Dónde? Somalia, Nigeria, Afganistán, República Democrática del Congo, Sudan del Sur, Mali o Yemen son algunos de los más afectados pero también es una práctica muy enraizada en América Latina, especialmente en Colombia y Perú.

¿Cuántas víctimas? Eso no podemos conocerlo. Mientras una gran parte de las víctimas no tienen recursos para ser tratadas, otras muchas no se atreven a hacerlo por el repudio y los estigmas que se arrojarían sobre ellas. Pero en la mayoría de estos países los pocos datos que se tienen las cuentan por miles, en la República Democrática del Congo…hablamos de más de medio millón.

Fines bárbaros.
Buscar el por qué de estos actos es toparte de frente con el patriarcado más ruin y poderoso, una situación de pleno dominio fálico en el que las mujeres sufren la paradoja de ser el sustento familiar, el pilar de su supervivencia en muchos casos y, sin embargo, tratadas como un mero objeto inútil, prescindible, insensible… Despojada de todo derecho, honor y calidad de ser humano se convierte ante estos bárbaros en un botín de guerra para sembrar terror en las comunidades, para que sus agresores impongan su control militar, se venguen y humillen a sus adversarios. Todo este sufrimiento a la postre, además del disfrute de los victimarios, es un simple acto simbólico, son trofeos de guerra acumulables que incluso sirven como mensaje para forzar la huida de los suyos Es, según la activista Radhiuka Coomaraswamy, un “mensaje de castración y mutilación al enemigo”, ellas son el método, el papel donde lanzar un mensaje. 

Las que sobreviven en el 80% de los casos no terminan ahí su calvario, al abrir los ojos, se encuentran un arma de doble filo que a mi parecer puede llegar a ser aun más dolorosa que la propia agresión: el repudio, el abandono, una vida destruida, la rabia de la impunidad. Muchas se convierten en activistas y estudian para ser promotoras de los derechos humanos y defender a las que se convierten en víctimas como ellas. Activistas estereotipadas con un perfil de igual característica e incluso de mujer soltera pero también culta. Una labor necesaria, loable pero muy compleja, en ocasiones reprimidas por los propios gobiernos.

Ante ese final tóxico y amargo, frente a esa impunidad no basta con el activismo. No basta con salir a la calle, con gente comprometida, con víctimas que cuentan su historia; hacer declaraciones en actos políticos o firmar tratados de colaboración.  Es necesario, apoyar todo ello con una fuerte presión mediática y la actuación de fuerzas gubernamentales que se erigen como demócratas pacificadores y protectores de los derechos humanos, por muy lejos que quede ese conflicto de sus fronteras. Los medios son vitales para recordar que sigue latente, denunciar, exigir soluciones, investigar las irregularidades políticas, llamarlo por su nombre y por supuesto contextualizar. Sin una unión colectiva, sin romper ese silencio, sin servir de altavoz público para aquellos que no pueden hablar y sin intentar erradicar esos problemas des de la base, seguiremos hablando de estas atrocidades. Monstruosidades que no terminan con el conflicto y no solamente por las terribles secuelas, sino por la continuidad de las agresiones contra las mujeres una vez firmada una falsa paz. Si no, cojan un mapa, localicen Perú y en lugar de mirar la ciudad de Chiclayo, el Rio Amazonas, Lima o el Machu Picchu, den la vuelta a la cinta, pongan la cara B y verán 446.417 víctimas de violencia sexual en sus 15 años de “paz”.

EL REGALO MÁS GRANDE

jueves, 29 de enero de 2015



Un auténtico regalo, un día inesperado, espontáneo e impulsivo. Me despierto a las 8 menos 10, aprovecho esos diez minutos antes de levantarme para mirar superficialmente el Facebook y me encuentro con que el ídolo de mi infancia va a estar en Madrid. Miro apresuradamente la localización del evento, recluto a una amiga dejando ambas de lado la responsabilidad de las clases universitarias y corremos raudas y veloces hacia la capital. Llegamos al lugar y nos ponemos a preguntar la ubicación exacta; hacemos el intento de explotar nuestra condición de periodistas para poder entrar a la presentación del equipo Yamaha de Moto GP. Imposible, pero nos quedamos allí esperando. Sacaron las motos de esta temporada al exterior: dos bellezas de dos ruedas que nos dejaron con la boca abierta. 

Pero yo esperaba poder verlo a él, a Valentino Rossi. Tras unas cuantas horas de espera, el susodicho aparece… rodeado de fans agitados, periodistas, y blindado por voluminosos guardas de seguridad salió un hombre de sonrisa sellada, con ojos azulados profundos y un andar ágil y acelerado. Al principio planeé acercarme todo lo posible pero le seguí desde una cierta distancia, dejé de lado cámaras y móviles y le observé con mis lentes naturales. Pensé: “voy a vivir el momento y dejar de lado los recuerdos enmarcados en un portafotos”. Paseé un rato por los alrededores siguiendo su trayectoria y cuando vi el momento oportuno me puse a su lado con timidez: “Valentino perdona…”. Con la misma sonrisa sellada con la que salió se fue corriendo agobiado por tanto fan. “Otra vez será”, pensé. 
Por la tarde, tanto él como su compañero y gran piloto español Jorge Lorenzo iban a firmar autógrafos en Gran Vía. Nos dirigimos hacia allí, nos juntamos con otra amiga y esperamos de las primeras la fila para aquella esperada firma. Se acercaba la hora, y conforme llegaba ese momento hice memoria y recopilé cuántas veces había soñado con ese encuentro: en un circuito, en una entrega de premios, yo ya de periodista deportiva destinada a las motos… soñar es tan gratis como imprevisible. Quién me iba a decir a mí que ese instante llegaría un 28 de enero de 2015 y en Madrid, en Gran Vía, y con muy buena gente a mi lado. Hay cosas que son imposibles de predecir y esas cosas se llaman sorpresas. 

Llegaron los pilotos, los héroes, los ídolos o amores platónicos de todos los allí presentes. Jorge estaba el primero para firmar y Valentino el segundo. Los nervios se podían tocar en el ambiente y subí las escaleras con cierto vaivén en mis patitas. Todo pasó demasiado deprisa, los de la organización nos empujaban y nos exigían velocidad, una prisa injustificada y poco empática con los fans que llevaban esperando tanto tiempo. Primero con Jorge: autógrafo, sonrisa, saludo, foto y un: “Gracias Lorenzo”. 

Y finalmente, llegó el momento: las patitas que subieron las escaleras volvieron a temblar y esperé que el resto se fueran para hablarle. En ese instante yo no era una mujer de 21 años: me transformé en aquella niña que se quedó embobada al televisor un 2004 al ver que un tal Valentino Rossi había conseguido una de tantas victorias, el primer gran premio con Yamaha, con su actual escudería. Esa niña, cuando vio por primera vez a ese italiano de rizos alocados y ojos azulados supo que sería el culpable de tantas alegrías de domingo, de carreras de infarto y decepciones de campeonato. En definitiva: ha sido y es el culpable de mi pasión por las motos. 

“Hola Valentino”, dije al principio y me recibió con la misma sonrisa pícara de por la mañana, con la salvedad de que esta vez se percató de mi presencia. Me firmó una fotografía y mientras lo hacía no pude evitarlo: “¿puedo darte un abrazo?”. Al terminar de firmar se inclinó ligeramente para dejar que lo hiciera y ese gesto de cariño hizo que la niña que había en mi pensara: “al fin sucedió”. Antes de irme le dije: “Gracias por todo Valentino, eres el mejor”; esos ojos azulados me miraron una vez más y me dedicó la que fue para mí, la mejor de sus sonrisas. 

Al salir de ese momento fugaz, abracé su autobiografía sin firmar, donde guardé su foto garabateada, me quedé un momento parada y pensé: “qué bonito primer encuentro”… un encuentro entre fan y deportista, entre una niña y su ídolo, entre dos personas. Una de ellas pasará inadvertida para la otra, pero para mí, ese momento quedará grabado como un recuerdo imborrable. 

Será imborrable… no porque tenga una foto que lo testifique, porque las prisas hicieron que no pudieran inmortalizar el momento. Sin embargo pensé: ¿para qué congelar algo que ha sido tan vivo, tan real, tan dinámico y sencillo? 

Salimos de ese espacio tan agobiante y todas las emociones comenzaron a aplaudir a mis pensamientos revueltos. Tan fuerte aplaudían que me fui antes de tiempo a casa en urgencia de naproxeno para poder relajar tensiones o, más bien, emociones. 

A la vuelta en tren, mientras miraba Madrid alejarse, organicé todo lo que había pasado en tan poco tiempo. Con la autobiografía aún en las manos supe que había hecho realidad un sueño que me ha inspirado muchas ilusiones, que me ha arrebatado sonrisas risueñas y lágrimas de felicidad. Fueron éstas lágrimas las que me acompañaron todo el trayecto, seguidas por una sonrisa grapada y una mirada con brillo especial. 
 
Esa pequeña niña que siempre llevo dentro volvió a aflorar con más fuerza que nunca, siendo consciente que había llegado el día de hacer realidad un sueño. Mi regalo más grande envuelto en un abrazo. Grazie per tutti Valentino. 


Que se pare el reloj y que vuelva lo bueno

domingo, 21 de septiembre de 2014



En una tarde oscura de domingo, vale la pena parar un momento y ponerse a pensar… pensar, no de una forma matemática, tampoco melancólica, pero si reflexiva y tranquila. Empieza la rutina y con ella los agobios de que te falte el tiempo, el aire y el agua fresquita de ese verano que ya empieza a decirnos adiós. Sin embargo, no me resulta triste dejar paso de nuevo a una estación, a un periodo dominado por la ilusión, la aventura y por la acción de asomar la cabeza por la ventana de lo nuevo, lo actual que ya es pasado, un pasado muy reciente que vale la pena recordar. 

Siempre nos han dicho que hay que aprovechar cada minuto, ¡mira si la vida es demasiado corta que la medimos en apenas dos días! Sin embargo, pienso que tenemos el poder de detener el tiempo cuando queramos, sin necesidad de máquinas futuristas, ni películas de ficción. La mente humana es lo suficientemente maravillosa para almacenar nuestro ayer, nuestro ahora y nuestro mañana, ya que ¿quién no ha soñado alguna vez despierto con lo que le podría suceder al día siguiente?

Yo  ahora, en este domingo nublado, quiero echar un vistazo a mi pasado reciente: a las tardes de verano tumbada al sol, las rutas en bici más sencillas de lo que me esperaba, a esas noches de estrellas fugaces mezcladas con risas y llantos de felicidad. Esos días de fiestas bilingües en los que las amistades recientes parecían las de toda la vida, el reencuentro con la familia, con la naturaleza, aquella que me volvía a decir: “bienvenida a casa, respira hondo y déjate llevar”…  Paseos en tándem por una isla extranjera con los brazos abiertos, los ojos cerrados, el corazón palpitante y la sonrisa enyesada. Los atardeceres melancólicos del fin del verano a vista de un pájaro de metal… 



Por todo esto, y por muchas otras aventuras “incondensables” a causa de su valor incalculable, ha llegado a una pequeña pero poderosa conclusión: LA VIDA ES BELLA… ya se ha dicho en muchos libros, se ha demostrado en el cine y se ha proclamado en multitud de discursos. La cuestión es ¿De qué manera podemos  confirmarlo? Yo no afirmo esto porque me lo diga Hollywood, lo digo porque incluso en los días más negros, podemos emplear nuestra memoria para parar el tiempo y teletransportarnos a un pasado de cuento, o a un futuro tan incierto como emocionante… y que por muy malas etapas que padezcamos, en cada día hay siempre algo o alguien que nos recuerda que no siempre estuvimos deprimidos y desconcertados a la hora de seguir adelante.

Dejemos de mirar el reloj, el calendario, e incluso al que tenemos o no tenemos al lado… dediquemos siempre unos segundos a charlar cómodamente con nuestra conciencia, a sopesar si es conveniente que la tristeza sea más pesada que la alegría en este instante. Si hubo días en los que no pudimos parar de reír y de disfrutar con los cinco sentidos ¿Por qué vamos a quitarle sentido a la felicidad de nuestro presente? Desquitémonos de esos vicios pretenciosos y digamos más “gracias por todo lo que nos sucede” y menos  “por qué nos pasa esto a nosotros”. 

Hoy, en esta tarde clareada de domingo, he querido detener mi reloj escribiendo estos pequeños pensamientos, porque me hacía más feliz mirar a los placeres del pasado reciente que a las responsabilidades de este lunes… ¡Sí, mañana es lunes! Y me pregunto: ¿Qué ilusiones me deparará este día tan temido por todos?  Reservaré otra hora del día para planteármelo, mientras tanto, disfrutaré de mis pequeños pero poderosos recuerdos…